El Club Cubano de Jazz : segunda etapa.

Una historia no contada  El Club Cubano de Jazz :  Segunda etapa.

Por José Dos Santos

Edición,  adaptación y comentarios de Toni Basanta desde Fairfax, Vermont, EUA

Avanzaban los años 90  y ya habían pasado tres décadas de la desaparición del movimiento organizado de músicos y aficionados al JAZZ  en Cuba, nacido a finales de los 50, y muchos pensábamos que se hacía impostergable reanimarlo por la creciente pujanza del género en el país.
Entre los factores motivantes estaban la dispersión y falta de respaldo al cultivo y rescate de los valores de una música de raigambre popular; el escaso y esporádico reconocimiento y estímulo a los cultores de este arte en nuestro país; y el desconocimiento y la falta de actualización de las nuevas corrientes, figuras y otros fenómenos del escenario internacional, regional y local en otros ámbitos, en especial el latinoamericano.
Con ese propósito,  también podría complacerse el deseo de relacionarse con  personas que tenían intereses musicales afines y la necesidad de crear un espacio especializado para disfrutar de esa música al alcance de los bolsillos mas modestos.
Por entonces, el panorama nacional lo integraban un par de programas radiales, un Festival Internacional cada dos años, algunas presentaciones esporádicas en televisión y teatros y un club en la capital cubana accesible en divisas.
Por ello, teniendo como eje a entusiastas miembros de la Unión de Periodistas de Cuba, se creó un pequeño Grupo Gestor que preparó un programa mínimo, trazó el esbozo de un reglamento e hizo un ambicioso proyecto de trabajo, que trascendía la organización que le dio cabida.

 

Club Cubano de Jazz  Parte II

El 28 de julio de l995,  el Club Cubano de Jazz, segunda etapa, nació en la sede de la UPEC, con un amplio espectro de concurrentes, entre ellos varios miembros del Club fundacional, a quienes se debió la idea de rescatar esa denominación, acorde a los nuevos tiempos, entre ellos su último presidente, Roberto Toirac y Jose A. Figueras.

La fecha escogida no resultaba casual. Fue en saludo a “un día de profundo significado para la dignidad, soberanía y cultura nacionales”.

En aquel animado intercambio se decidió realizar sus actividades los últimos sábados de cada mes, a partir de las dos de la tarde, en las áreas de la organización gremial, sita en 23 e I en El Vedado.

Resulté elegido presidente de una directiva que también contó con los colegas Manuel Gonzalez Bello, de Juventud Rebelde, como tesorero y el fotógrafo  Helio Ojeda, como secretario, con varios vocales, entre ellos Figueras y la entusiasta Juanita Carrasco, miembro de la Presidencia de la UPEC, quien fue una eficiente madrina ejecutiva de los futuros acontecimientos.

Entre las primeras decisiones llevadas a cabo estuvo la realización del primer concierto por parte del grupo del pianista Ernán López-Nussa (presente en el primer encuentro), comenzar la proyección de materiales fílmicos, como la película Bird, y complementar las veladas con materiales grabados suministrados por los asociados.
     

Se inició un registro de miembros, cuya condición de fundador del club fue para aquellos que en los tres meses siguientes se adhirieron a él. Se propuso el cobro de una cuota mensual de cinco pesos cuando se adquiriera mayor sistematicidad y peso en las  actividades.

En aquellos primeros pasos se decidió apoyar la creación de peñas y otras formas alternativas de vinculación y fomento de esa música, en locales públicos o viviendas, que permitieran conformar una red vinculada al club. Entre ellos se tomó nota de las sesiones que se realizaban en la Casa de la Cultura de Plaza cada mes y la Peña de Santa Amalia, comandada por Gilberto Torres “GILBERT”.

Se hizo constar el apoyo brindado por la UPEC y la dirección del  programa La Esquina del Jazz, de CMBF, para el desarrollo y promoción de sus acciones y la simpatía expresada hacia la idea por Armando Romeu, Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba y Tata Güines.

Estuvieron también presentes en aquel acto fundacional, entre otros, figuras del ámbito artístico como la actriz Sarita Reyes y la pianista Enriqueta Almanza, veteranos periodistas como Luis Manuel Sáez,  Serafín Marrero y Rudel Zaldivar y una joven promesa de entonces del periodismo cultural como Magda Resik, incluso desde Las Tunas llegó Amado Ayala Torres,  director del programa Concierto Jazz.

Allí fueron nombrados Miembros de Honor, además de Toirac y Figueras, a Carlos R. Fernández, Horacio Hernández, Armando Romeu, Helen Mitkus, Leonardo Acosta, Ernesto Calderón, Frank Emilio Flynn, Gilberto Torres, Orlando López (Cachaito), Tata Güines y Gustavo Tamayo.

INICIO DE CONCIERTOS

Mas de un centenar de entusiastas disfrutaron de la maravilla creativa del pianista Ernan Lopez Nussa, el percusionista Inor Sotolongo y el bajista Jose Alexander (Sagua) durante la segunda sesión del CCJ.

El primero de los conciertos, en la Sala del Té de la UPEC, constituyó el plato fuerte de una jornada en la que también fue inaugurada una exposición de Miguel Betanzos con caricaturas de famosos jazzistas, se realizó la proyección del filme Bird, se escuchó y bailó música llevada por los asociados y fue aprobada una Carta Magna que regularía las actividades del Club.

Además, se hizo el anunció de la apertura de un  VideoJazz en la UPEC,  los jueves a las 5:3O de la tarde, en los que se mostrarían otras películas y materiales fílmicos de actuaciones de interés.

Ya entonces había un centenar de inscritos a los que se sumaron decenas de otros interesados de las mas diversas generaciones y actividades.

El Club llegó a tener mas de 400 miembros inscritos e identificados con un carné.

En su documento constitutivo se destacaba el interés de sus miembros de “colaborar a que se cultive y defiendan los valores de la cultura popular cubana y universal, profundizar en la comprensión del Jazz en sus mas diversas facetas, desde artísticas hasta socio-culturales, y propender a la mayor difusión y conocimiento de lo que hoy también constituye importante patrimonio cultural de nuestro pueblo”.

Entre los asuntos establecidos estaba que la directiva debía “rendir cuentas anualmente a la asamblea de todos los afiliados”, que sería ratificada o renovada cada dos anos y que las cuotas para los miembros era de cinco pesos mensuales y dos para estudiantes y jubilados.

Los miembros tendrían derecho a participar en las actividades programadas por el CCJ y a preferencias en el acceso a otras en las que intervenga el Club. Entre ellas contaba con un espacio destinado en EL CLUB de  JAZZ La Zorra y El Cuervo.

Entre las causas para perder la condición de miembro estaban “mantener actitudes no compatibles con los propósitos del CCJ o tener una actitud social inapropiada, que afecte su prestigio y objetivos”.

Para los que no radicaban en la capital se adoptó la figura de “miembro asociado” que permitía tenerlos en nuestros registros, divulgar entre otros miembros del Club el interés de ellos y coordinar actividades en las que estuvieran involucrados.

Así fue como llegamos a  enlazar a entusiastas del Jazz que no se conocían en la propia localidad, como fue en San Luis, Pinar del Rio, o que dirigían programas radiales  en Holguin y Las Tunas.

Esa Carta sólo podía ser modificada por deseo y votación de al menos las tres cuartas partes de los afiliados, convocados expresamente para ello.

SIGUIENTES PASOS

En agosto de ese 1995, la directiva del CCJ, se dirigió al Ministro de Cultura, Armando Hart, para informarle de la creación de ese movimiento “con la intención de vincular a los amantes de esa música en nuestro país y propiciar el intercambio, la ampliación de conocimientos y el disfrute regular del jazz” e invitar a las autoridades del sector a incorporarse a sus actividades.

La tercera sesion del CCJ se llevo a cabo en la sede habitual de la Casa de la Prensa (UPEC) con la asistencia de mas de un centenar de sus afiliados e invitados.

Bobby Carcassés y Afrojazz y el Cuarteto Estado de Ánimo fueron los animadores de una jornada de grandes valores musicales, que se extendió por casi dos horas.

El incansable multi-instrumentista, cantante y formador de generaciones de jazzistas, resultó desde ese momento,  un baluarte en apoyar las actividades, a veces tocando hasta el bajo acústico, si se requería.

En la ocasión fue inaugurada una exposición con gráficas que integraron distintos Salones FotoJazz, simultáneos a los Festivales Jazz Plaza y se dio a conocer que se abriría un álbum para ir recogiendo artículos, fotos y otros materiales sobre la materia – donados por los socios – que permitiría constituir un fondo de información al alcance de los afiliados. Esa, como otras ideas, nunca llegó a prender.

A partir de entonces, y con regularidad asombrosa dadas las condiciones y características en las que se desarrolló, el CCJ se constituyó en un polo atractivo para los amantes del género, no sólo nacionales.

Los asistentes hicieron pequeño el Salón del Té y se habilitó una pequeña tarima en el patio de la UPEC  para acoger a centenares de aficionados que llegaron a desbordarlo.

En la primera etapa llegamos a acoger a personalidades internacionales del calibre del trompetista Roy Hargrove y su Grupo,  que le dieron inesperado impulso a esas citas.

Ese episodio merece unas líneas :

el manager de  Hargrove,  Larry Clothier, quien lo había sido de Dizzy Gillespie en sus viajes a Cuba, al seguirle los pasos a los Bailadores de Santa Amalia con los que Diz había compartido, llegó a la UPEC,   donde formaban el núcleo mas nutrido y entusiasta del Ccj.

Allí se produjo el encuentro de ROY  y los admirados danzantes, cultivadores del estilo “Swing” — y siguen haciéndolo—que había cautivado al gran patriarca del BEBOP.

A su disposición de tocar,  siguieron frenéticas gestiones para habilitarle espacio y buscar instrumentos. Casi fuera de horario se sintió la música y se apreció el disfrute de los que la bailaron. Fue una noche apoteósica.

Al año siguiente, ya siendo la UPEC  subsede del Festival Jazz Plaza por la actividad desarrollada, regresó Roy a tocar allí  “oficialmente” y aunque lo hizo de maravillas en el patio, con mas espacio para los “pasillos” que los veteranos ejecutaron, me dijo que mas a gusto se sentía en el pequeño local atestado, donde los “de Santa Amalia” le seguían con la oreja pegada a la trompeta.

Las anécdotas llenarían páginas de aquellos años, aún recordados con sonrisas de añoranza por habituales o esporádicos asistentes a los conciertos.

NOCHE EXCEPCIONAL

Entre ellas,  la ocasión en que una gloria como el baterista Jack DeJohnette enfrentó solo con su batería un sorprendente apagón y clavó en sus asientos a los asombrados que permanecieron a pesar de la inesperada adversidad.

Y como luego se le incorporó Jorge Reyes con su bajo, en un mano a mano digno del mejor Club del mundo, el ánimo que cobraron músicos bisoños – concurrentes regulares—  se subieron a la breve tarima para armar una excelente “Descarga”.

Esa fue, sin duda alguna,  otra noche excepcional.

O como llegaron músicos extranjeros no programados durante los Jazz Plaza y se sumaron a lo que allí pasaba, como el percusionista John Santos, quien me entrevistó y recogió mi saludo para su padrino Walfredo de los Reyes, Sr., uno de los grandes percusionistas cubanos que conocería luego durante una visita suya a La Habana.
     

O la de la magia que se dio entre músicos con sus propios proyectos que se encontraron compartiendo en aquel patio sin techo y que terminó, por ejemplo, conformando Temperamento, gracias a Roberto Fonseca y Javier Zalba.
     

O el debut público de otro “ensemble” que daría mucho de qué hablar, hasta nuestros días, como el Havana Ensemble del saxofonista César López.

O como un grupo de jóvenes que se iba a presentar se encontraron sin batería y a uno se le ocurrió pedirle prestada la suya a alguien entonces casi desconocido para mi, pero que poseía un set profesional de primera línea. Así supe del altruismo de otro grande actual de la música, Dafnis Prieto.

O como después del jolgorio musical – no siempre bien acogido por vecinos del céntrico lugar cuando se pasaba la medianoche — los trabajadores de la Upec, que habían acondicionado el patio y atendido al público con una oferta sencilla, de lo que hubiera, restauraban el orden para que el patio estuviera en condiciones de dar el servicio para el que estaba destinado: ser parqueo y acceso a áreas de servicio de la institución.

La experiencia concluyó después de cuatro inolvidables  años.

A partir de entonces, el batón pasó a manos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en cuya sede del Hurón Azul,  han seguido encontrándose músicos y aficionados al género para mantener viva una música que enriquece la cultura cubana.

Mi comentario

EL JAZZ : una musica que enriquece la cultura cubana.

POR SUPUESTO.

Gracias a mi amigo Jose Dos Santos por estas notas historicas.

Entre 1999 y el 2001 cuando trabaje como animador, productor, maestro de ceremonias y algo mas en el CLUB de JAZZ La Zorra y el Cuervo, organizamos unas Descargas para mantener en activo el Club Cubano del JAZZ con el Grupo del baterista Gilberto Valdes y cada Domingo se bailaba en  “La Zorra”.

En mi Pena de la Casa Museo Lezama Lima,  en el 2003, tambien invitamos a LOS BAILADORES de SANTA AMALIA y a LOS  SEGUIDORRES y  AMIGOS del  DANZON,  y  fue muy estimulante ver como bailaban ROUND MIDNIGHT en Tiempo de Danzon tocado por JOHN SANTOS and THE MACHETE ENSEMBLE,  entre muchas otras versiones de Clasicos del JAZZ cocinados con los  Ritnos del Baile Nacional Cubano.

Por esto y mucho mas, este 2017,  LA HABANA celebro el Dia Internacional del JAZZ

Continuara. Ahora sumate a mi actividad

Toni Basanta

 

 

 

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